viernes, 16 de septiembre de 2011

Irish Police

En nuestra primera noche en Dublín vimos una intervención policial. A ver, intervención en una pelea y de dos a cuatro agentes pero ... interesante.
Lo primero es que aquí las 22 horas son como las 2 de la mañana en Madrid, al ritmo que beben los irlandeses el grado de alcohol es bastante alto así que el ambiente en la calle es de precaución.
Nosotros íbamos buscando algún sitio para cenar, sabíamos que era complicado así que andamos por la calle principal, O'Connell St, pensado que habría más posibilidades de encontrar algo abierto. Esperando a que un semáforo se pusiera en verde para peatones (a esas horas no hay tráfico pero cuando el sentido de la circulación es el contrario al habitual no sabes a dónde mirar al cruzar), oímos a una mujer gritar "Parad, parad, parad". Eran dos agentes mujeres que corrían hacia la puerta de un establecimiento de comida rápida, en la misma estaban tres hombres en una acalorada discusión y supongo que llegando a las manos pero eso yo no lo vi. Cada agente cogió a uno de los grupos y les separó para hablar con ellos, yo oía como le preguntaba "pero, qué ha pasado, por qué estabais discutiendo". Lo más sorprendente para mí era el tono de indulgencia que empleaba la policía, que escuchó cada palabra que el hombre la gritaba explicando que le habían hablado mal y luego empujado por lo que se tuvo que defender... Sólo le interrumpió en una ocasión para pedirle que bajara el tono y siempre tratándole de usted.
A los dos minutos aparecieron otros dos agentes en un coche y se sumaron a sus compañeras, entre los cuatro tomaron los datos de todos los que habían intervenido y les dejaron irse, no sé si con multa, sanción o sólo advertencia.
El trato fue exquisito, el respeto de unos hacia los otros era envidiable y me sorprendió que el establecimiento, nada más llegar la policía, se puso a limpiar la puerta porque era de cristal y habían puesto las manos a un lado y otro mientras se estaban empujando. Así, en apenas 5 minutos, volvía todo a la normalidad en el centro de Dublín.
He de decir que nos pareció curioso que fueran tan jóvenes, todos ellos tendrían menos de 30-35 años.
Al día siguiente, cuando esperábamos para comer en un precioso restaurante del que ya os hablaré, vimos cómo procedían a dejar sus vehículos una pareja de policías. Eran dos hombres y llevaban bicicletas y la indumentaria correspondiente (cascos y unos chalecos reflectantes con la palabra GUARDA detrás). Suponemos que iban a comer, o tendrían algo que hacer cerca; en cualquier caso dejaron sus bicicletas atadas a los barrotes de una casa, para ello usaron un método muy policial: las esposas de uno de los agentes unían las dos barras de las bicicletas entre sí, las esposas del otro ataban el manillar de una a la ventana de la casa. Fácil y sencillo, sólo apto para policías... jejeje.

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